¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, ocupando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, junto con la zona meridional de la de Jaén y parte de Cádiz.

jueves, 30 de mayo de 2013

"El Perfume de Bergamota" por Jose Luis Gastón Morata


Esta novela te permite viajar a la Granada nazarí del siglo XIV, a un período convulso, uno de tantos que el poder nazarí experimentó entre intrigas cortesanas y luchas por el gobierno. 

Escrita por el Dr Gastón Morata, es una novela de intriga histórica que cuenta como su protagonista, un médico del Maristán se ve empujado a una trama de conspiraciones, rencontrándose con personas de su pasado al mismo tiempo que va avanzando paso a paso en sus investigaciones para hacer justicia y salvar su vida. 

Basándose en un episodio histórico envuelto en el misterio, como fue el asesinato del rey Yusuf II, junto con el encarcelamiento de su legítimo sucesor en el Castillo de Salobreña, o el asesinato de unos monjes cristianos frente a la Mezquita de la Alhambra, el autor nos introduce de forma amena y entretenida en los entresijos de la sociedad nazarí al final de la época de mayor esplendor del último territorio del islam en la península, exponiendo interesantes conocimientos médicos practicados en la Granada nazarí, que seguro te deja con ganas de conocer más. Su edición es fabulosa, me encanta el diseño de la cubierta; se puede encontrar en La Casa del Libro, y es algo difícil de encontrar porque fue publicado en 2009 y no ha sido reeditado y tampoco esta disponible en formato para ebook.

sábado, 25 de mayo de 2013

Pasatiempos ecuestres nazaríes

Pintura de la Sala de los Reyes, representando a un caballero nazarí
atravesando con una lanza a un caballero cristiano bajo la mirada de
una dama suplicante seguida por la doncella con un peine.


Desde que los jinetes magrebíes (especialmente los de Ifriquilla o Túnez), llegaron a al-Andalus y adiestraron caballos andaluces con sus métodos, comenzó la moda de las carreras de caballos.  Estas carreras se celebraban  en Granada a la orilla del río Darro (Haddarro) hasta su unión con el río Genil (Senil) montados a jineta, como se hacía en batalla. Continuando con esta herencia, los nazaríes lo convirtieron en su pasatiempo favorito, unos como jinetes consumados y conocedores de las capas equinas y otros asistiendo a las carreras asiduamente.

Piezas ecuestres nazaríes, Museo
Arqueológico Nacional, Madrid

La tabla era un juego al aire libre en el que competían los jinetes lanzando palos sobre un blanco de madera, lo que servía de práctica para los torneos a campo cerrado que desde el siglo XIV tuvo muchos seguidores, como Mohammed V, frecuentando las palestras y midiéndose con lanzas cortas a los más diestros caballeros. Protegidos con broqueles o adargas se ejercitaban practicando este juego, con bohordos o cañas de la longitud de las alabardas con el primer tramo relleno de arena o yeso para hacerlas pesadas, y así se acostumbraban para no temer a las lanzas durante el combate real.

Otro juego ecuestre en el que los nazaríes medían su destreza era el juego de las cañas, “divididos en dos cuadrillas, comenzaron los unos a acometer a los contrarios con largas cañas –los bohordos, de seis palmos-; otros, simulando una huida, cubríanse la espalda con adargas y broqueles persiguiendo a otros a su vez, y todos ellos montados a la jineta en corceles tan vivos, tan veloces, tan dóciles al freno, que no creo que tengan rival. El juego es bastante peligroso, pero con este simulacro de batalla se acostumbraban los caballeros a no temer las lanzas de veras en la guerra de veras. Después con cañas cortas, a modo de flechas, y a todo correr de los caballos, hicieron tiros tan certeros como si las dispararan con ballesta o lombarda.” (descripción de Gerónimo Münzer).

Las justas ecuestres se celebraban en las plazas publicas de Granada, sobre todas, en Bibarrambla, en la Puerta de los Ladrilleros, y en la explanada llamada la Tabla, no lejos de la Puerta de los Aljibes (hoy Torre de los Siete Suelos de la Alhambra), en que la competencia dificilísima de los jinetes entusiasmaba al pueblo, como el duelo entre dos caballeros cristianos, Diego Fernández de Córdoba y Alonso de Aguilar, que en 1470 y bajo el reinado de Muley Hacen.

Desafío de Don Alonso de Aguilar en la Sabica según un cuadro
de Isidoro Marín

(en el Mercado de la Seda, junto a Bibarrambla) “Era el mismo sitio donde los caballeros moros solían cabalgar y competir en torneos para ganar la atención de las damas; donde se aglomeraba el populacho y los niños se montaban a hombros de sus padres, tíos o hermanos mayores para alentar a sus favoritos; donde las silbatinas saludaban la entrada de los que desfilaban en armaduras de caballeros por el solo hecho de ser súbditos del sultán. Cuando resultaba evidente que un hombre había dejado ganar a un miembro de la corte de diferencia hacia el rey o, lo que era igualmente probable, porque le habían prometido una bolsa llena de dinares de oro, los ciudadanos de Gharnata se burlaban de él a voz en cuello. Era un pueblo famoso por su mentalidad independiente, su agudo ingenio y su resistencia a reconocer la autoridad de sus superiores.”

“A la sombra del granado” Tariq Alí 1992 ISBN: 84-350-1619-6

Estribos nazaríes del siglo XV
Museo Arqueológico Provincial de Granada

domingo, 19 de mayo de 2013

Espacio del Mes: Camino de Ronda de la Alcazaba

La flecha roja indica el recorrido del
Camino de Ronda de la Alcazaba

El espacio del mes abierto para mayo 2013 en el recinto de la Alhambra es el camino de ronda que discurre por el flanco nordeste de la Alcazaba de la Alhambra, aunque sólo será accesible los domingos, martes, miércoles y jueves del mes y adquiriendo la entrada al monumento (mínimo 7 euros comprando en taquilla la visita de la Alcazaba y el Generalife). Rara vez se abre al público por lo que merece la pena visitarse si existe la ocasión.

Puerta de la Armas y Camino de Ronda interior

Acceso externo de la Puerta de las Armas
con la Torre de los Hidalgos y fachada
de la muralla  que forman las caballerizas.

En época nazarí este recorrido comenzaba en la  llamada Puerta de las Armas permitiendo el acceso desde la ciudad de Granada a la ciudad palatina de la Alhambra a través del desaparecido Puente del Cadí o de los Tableros (no confundir con el Puente de los Tableros actual), siendo a su vez la entrada principal a la Alcazaba de la Alhambra y constituyendo la calle principal de la ciudad palatina recorriendo la cara interior del recinto amurallado, haciendo las veces de foso en caso de asedio, por lo que también se la conoce como calle del Foso. Fruto de una serie de excavaciones, desescombro y reparaciones se ha podido descubrir la mayor parte del viario de la Alhambra nazarí, por lo que este recorrido de unos noventa metros desde la Puerta de las Armas se comunicaba hasta con el camino de ronda de la zona norte (no incluido en el espacio dedicado este mes ya que finaliza tras cruzar la Puerta de la Tahona, embutida en el llamado Cubo).

Vista de la Puerta de las Armas
desde el interior del Camino de Ronda
de la Alcazaba

Este recorrido, tanto a pie como a caballo se realizaba con el costado derecho desguarnecido (el escudo se llevaba en el lado izquierdo), expuesto a los ballesteros situados en la muralla interior o en la cercana Torre del Homenaje antes de pasar un nuevo control en la Puerta de la Tahona, para acceder al mercadillo o zoco, cuyos restos aún pueden verse.


Camino de Ronda interior con la Torre del Homenaje
al fondo y muralla interior más elevada a la derecha
Vista Exterior de los muros del Camino de Ronda
de la Alcazaba
Puerta de la Tahona, dentro del Cubo
Este recorrido forma parte de la Alcazaba construida por Muhammad I, primer rey de la dinastía nazarí de Granada, que constituye el núcleo originario a partir del cual comenzaría a edificarse la ciudad palatina de la Alhambra una vez que cerró su amurallamiento en el siglo XIII y la parte más antigua.


Vista interior del Camino de Ronda de la Alcazaba

Restos de enlucimiento (posiblemente cal) del
interior del Camino de Ronda de la Alcazaba
El camino de ronda de la guardia que recorría
las murallas de La Alhambra se encuentran
cortadas en la actualidad como esta parte
junto al Palacio de Carlos V

sábado, 18 de mayo de 2013

Pieza del Mes en el Museo de la Alhambra: Pergamino y papel en el mundo hispanomusulman

Corán almohade

Este mes, la pieza que destaca el Museo de la Alhambra son dos ejemplares de Corán que partiendo de este punto, Rubén Sánchez y Rafael Lorente, explican el uso del pergamino y del papel en la civilización hispanomusulmana, y como realizan la labor de restaurar estas frágiles piezas. Ambos restauradores pertenecen a una empresa que desde 2003 se centran en la restauración de obras pertenecientes a archivos y bibliotecas por toda Andalucía.

El Corán es la piedra angular de muchos aspectos en la cultura musulmana, y el árabe, idioma en que Alá se lo reveló a Mahoma, tiene un caracter sagrado. Como consecuencia, desde los primeros años de la Hégira, su manufactura fue una labor realizada con gran esmero y exquisitez. La clase urbana ilustrada de Al-Ándalus demanda gran cantidad de libros, proliferando las bibliotecas públicas y privadas como la del califa cordobés al-Hakam II que reunió en su biblioteca más de 200.000 libros, mientras que la Abadía de Cluny no reunía más de 600.

Con el paso del tiempo, guerras, modas y otras causas han hecho que sea difícil encontrar ejemplares de esta época. Ciertos avances en Magreb y Al-Ándalus influyen en Europa; hasta ese momento, los romanos escribían libros en pergaminos y los visigodos en piezas de pizzara, por poner algunos ejemplos.

Partes del libro hispanomusulmán y nazarí (gentileza de Rafael Lorente)
En común, la encuadernación andalusí guarda una característica, y es que no utiliza adhesivos para su encuadernación. Se pueden clasificar tres tipos de libros en la civilización andalusí:
  • En cartera: con cubiertas flexibles de piel con cierres que por lo general son de hebilla metálica o de piel rígida con motivos decorativos
  • Pergamino: sin costuras
  • Con costuras: careciendo de cubiertas aunque con los pliegues cosidos

Hasta la introducción del papel en Europa desde China por los musulmanes a través de la Ruta de la Seda en el siglo X, el pergamino fue el material por excelencia como soporte de la escritura, pero posteriormente, siguió siendo el material favorito para las obras de especial significado, como eran estos dos ejemplares de Corán.

El pergamino proviene de la dermis de los animales
El pergamino se vino usando desde la Antigüedad como alternativa al papiro por ser un material más duraderos que el papiro, que a diferencia de este, era de origen animal. El papel en cambio, empieza a ser utilizado de manera general a partir del siglo XII en Al-Ándalus, existiendo molinos papeleros por todo el territorio, desbancando al pergamino por ser más barato y fácil de producir.

Para la producción del papel, los andalusies utilizaban restos de trapos de tela vieja, evitando las partes ácidas de la madera, permitiendo una mejor conservación.

El calamo de caña o junco era el instrumento utilizado para
escribir por los hispanomusulmanes
Se escribía con tinta sólida o líquida con calamo (qalamo en árabe) de caña o de junco, lo cual permitía alternar trazos gruesos y finos, aunque en la península Ibérica se popularizo la escritura con el calamo en punta por lo que los trazos eran siempre muy finos.

La caligrafía andalusí también es única y diferenciada; mientras que en los países islámicos hay dos caligrafías (nasji y cúfica), en Al-Ándalus la caligrafía cúfica derivó a la caligrafía magrebí-andalusí, de letras pequeñas, finas y apretadas. Los nazaríes sólo utilizarán las caligrafías cúfica y nasji sólo para citas especiales.

En el Museo de la Alhambra se conservan y exponen dos libros, uno almohade del siglo XII y otro nazarí. Ambos son ejemplares del Corán. El almohade fue hallado en Marruecos donde debió de llegar desde Andalucía (basándonos en una nota de 1961 en el registro de entrada de la British Library, señala que una familia noble de Granada habría llevado este Corán a Marruecos en 1492 y según la tradición oral perteneció a al-Rayssuni).

Corán nazarí del Museo de la Alhambra
En cambio, el Corán nazarí (o tal vez merení), lo adquirió el Ministerio de Cultura Español a través de subasta en 1989, siendo restaurado en 1996 por el Instituto del Patrimonio Cultural de España, ya que la pieza se encontraba degradado por el ataque biológico y el paso del tiempo. Está compuesto por 142 páginas de pergamino que fueron guillotinadas y encuadernadas en el siglo XV o XVI con guardas de papel floral. Cada página contiene 12 o 13 líneas, utilizando la caligrafía cúfica para el encabezamiento y en caligrafía magrebí-andalusí el resto, con tintas de color naranja, azul y rojo, con miniaturas en oro de lacerías, formando dibujos geométricas, e inclusive marcas en los márgenes.

Estas conferencias son gratuitas y se puede asistir cada sábado del mes de mayo a las 12 de la mañana en la sala IV del Museo de la Alhambra.

viernes, 3 de mayo de 2013

Salawbaniya (Salobreña)

Castillo de Salobreña
Salobreña o Salawbaniya, formaba parte del decimoquinto clima o distrito nazarí. Situada sobre la desembocadura del río Wadi-l-fay o Guadalfeo, contribuía a la defensa de las costas occidentales del reino, junto a las cercanas Almuñecar (al-Munakkab)y Motril.

Callejón de trazado musulmán
Salobreña se levanta sobre un antiguo asentamiento fenicio, siendo la hermana menor de la cercana Almuñecar (Al-Munakkab), ambas ciudades costeras con la misma antigüedad. Ambas cuentan con un castillo, y en el caso de Salobreña asoma a las orillas del mar sobre una roca elevada y de difícil acceso que asoma a las orillas del mar. Allí los reyes de nazaríes tenían un palacio en el interior del castillo con maravillosos jardines donde se retiraban para relajarse, guardaban en él muchos de sus tesoros y utilizaban de prisión para destacados personajes de la corte nazarí.

Puerta de una casa del pueblo
Durante el período nazarí y gracias a su clima templado y seco y su fértil vega alcanza su mayor importancia al desarrollarse una próspera agricultura de regadío intensivo, centro de un extenso distrito del que dependían numerosas alquerías (como Pataura, Alhulia, Soluta y Balardes) y aldeas. Su medina de casas apiñadas en torno a la cúspide de una alta peña; huella de esta época es el trazado de serpenteantes calles, callejones y empinadas callejuelas, aprovechando al máximo el espacio. Existe incluso un barrio en Salobreña conocido como Albaicín, que procedería de rabad al-Bayyazin o barrio de los Halconeros.

Casas de la actual Salobreña
Portada mudéjar de la iglesia

Además de su famoso castillo, se conservan algunos restos arqueológicos de origen nazarí como restos de cerámica expuestos en el museo de la localidad, el aljibe situado junto a la antigua y monumental mezquita, hoy iglesia de Nuestra Señora del Rosario de estilo mudéjar, la torre del Cambrón, en el interior del actual hotel Salobreña y que era parte de la red de torres vigías que protegían la costa del reino.


Restos de un aljibe cerca de la iglesia que
probablemente abastecería de agua a la
antigua mezquita o a unos baños.


Restos de cerámica nazarí expuesta en el museo local

Contando con una abrigada y pequeña playa a poniente donde atracaban navíos, junto a la Fuente del Gambullón, actualmente a 450 metros de la orilla del mar, se conservan restos del embarcadero, que estaba protegido por varias torres de las que aún se conservan la base de dos y lienzos de muralla que cerraban el recinto al que se accedía desde la población por el llamado "Camino del Moro".

Dada la benignidad del clima, muchos cultivos importados de Oriente por los árabes se aclimataron perfectamente en la comarca, como el arroz, uvas y platanares, encinas y castaños. Destacó el cultivo de la caña de azúcar, cuya siembra se realizaba en marzo, requiriendo un intenso abono con estiércol, riego cada cuatro días hasta julio y cada ocho hasta octubre, su crecimiento a finales de septiembre y su recogida en enero, según afirman los tratados de agricultura de la época, así como describen el proceso que llevaban a cabo para la obtención del edulcorante.

Una de las áreas de cultivo frente al Mediterráneo
La industria de la pesca fue otro pilar de la economía del lugar, a través de procesos de salazón una vez que se había realizado la pesca en embarcaciones como la zambra y el jabeque.

Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla


Próximo al río Guadalfeo o Wadi-l-fay, a 55 km de la ciudad de Granada y a 12 km de Motril, en las estribaciones de Sierra Lújar, entre el Valle de Lecrín y la Alpujarra (al-Busarrat) se enclava el municipio de Vélez de Benaudalla. El lugar de Vélez, conocido como Ballis Banu Abd Allah o val den Allah, "el valle de los hijos de Alá", gozaba de una posición privilegiada por confluir en él los caminos que conducía desde la Alpujarra (al-Busarrat) y la Costa Tropical de Granada. El Barrio Alto del pueblo de angostas y estrechas calles a las faldas de una antigua atalaya o hisn, vienen a confirmar sus raíces árabes.


También existía una almunia nazarí, una finca de recreo adaptada al abrupto terreno, al abrigo de este enclave defensivo. En Al-Andalus, el jardín y el huerto se contemplan como un espacio para el disfrute de los sentidos, como uso herborista y medicinal y aprovechándolo para la producción alimenticia. 


Tanto en el pueblo como en el propio huerto-jardín de la desaparecida almunia, el agua es un elemento primordial y vertebrador, aprovechando el paso de la acequia de la Palma, que aún se conserva, junto con algunos centenarios cipreses. Hoy en día, este espacio se ha restaurado y reinterpretado, recuperando el espíritu nazarí que le dio origen, combinando el inteligente aprovechamiento del agua con las numerosas especies vegetales como acacias, palmeras datileras, arrayanes, celindos, adelfas, violetas, jazmines, rosales, hiedras, lavanda y tomillo, y un huerto provisto de olivos,  naranjos, perales, limoneros y almendros, así como de habas, berenjenas, cebollas, pepinos, espinacas, calabazas, etc. Además, en los actuales tiempos de crisis, todo lo que se recoge del huerto se entrega periódicamente al Banco de Alimentos para que se reparta entre las familias que más lo necesiten.




Este gesto de solidaridad también se une a la leyenda del origen de este jardín, pues se cuenta que en este pueblo habitaba un príncipe nazarí llamado Benalí, emparentado con los reyes de Granada, por lo que fue invitado a la Alhambra para celebrar una de las victorias del ejército musulmán. Los festejos duraron varios días, y el príncipe aprovechaba sus ratos libres para pasear por los jardines de la ciudad palatina. Una mañana, estando en el Generalife (Yannat al'arif), vio como un jardinero de avanzada edad que trataba de recoger con dificultad un brazado de ramas y hierbas resbalaba cayendo en una de las acequias. Benalí corrió a socorrerle al tiempo que avisaba a otro jardinero presente en la zona para que le ayudase a levantarlo. Yusuf, que era como se llamaba el jardinero accidentado, se había roto una pierna en la caída, pero no se atrevía a quejarse delante del príncipe para no ofenderlo con sus lamentos. No obstante, Benalí se percató de su sufrimiento y pidió al otro jardinero que avisara al médico de la Alhambra, pero este se negó a hacerlo ya que ellos eran sirvientes y no podían acceder a tales servicios. Cayendo en la cuenta de las diferencias sociales de cada uno de ellos, el príncipe nazarí buscó unas ramas gruesas para entablillar la pierna herida y acompañarle hasta su casa en el Albaicín, donde Fatima, hija del jardinero Yusuf, esperaba angustiada su regreso. Benalí le indicó que sería necesario que le viera un médico, y que no se preocuparan del coste de sus honorarios: "su padre será atendido por el médico de la Alhambra, que es buen amigo mío". Fue entonces cuando Fátima descubrió que su benefactor era una persona de la nobleza nazarí, inclinando rápidamente la cabeza en señal de obediencia y respeto. El médico llegó en poco tiempo y rápidamente puso los huesos en su lugar, entablillando la pierna con vendas y cañas y prescribiéndole un poco de adormidera para paliar el dolor. Los días pasaron, Benalí visitaba al viejo jardinero y al tiempo que su pierna se recuperaba, la amistad entre ellos crecía y su amor por Fátima también, hasta que un día el principe tuvo que partir a sus tierras, no sin antes prometerle a Fátima que volvería para casarse con ella. Los meses pasaron hasta que un día Benalí regresó para pedirle a Yusuf la mano de su hija, a lo cual el jardinero del Generalife respondió que su hija no poseía más que su cariño, a lo cual el príncipe le dijo que era lo único que esperaba de ella. Se acordó por tanto el matrimonio entre ambos, y Yusuf que sabía de la pasión de Benalí por los Jardines del Generalife le sorprendió con una propuesta: "Como no puedo dotar a mi hija con tesoros ni piedras preciosas y mi fortuna empieza y acaba en mis manos, permíteme que te regale lo mejor que puedo ofrecerte: un pequeño jardín en tus tierras para el disfrute de los sentidos".


Este jardín nazarí esta abierto al público de 11 a 13 horas y de 17 a 19 horas, cuesta 3 euros por persona e incluye en el recorrido el acceso a las grutas de roca caliza formadas en la bajada del tajo. Más informanción en el teléfono 958658011