¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, ocupando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, junto con la zona meridional de la de Jaén y parte de Cádiz.

sábado, 19 de julio de 2014

El Mexuar

Esquema del palacio del Mexuar junto con los aledaños restos arqueológicos

El espacio áulico denominado Mexuar (traducido por el Consejo de Ministros) fue el núcleo principal palatino de este sector, y a lo largo del siglo XIV estuvo destinado fundamentalmente a la burocracia y a la administración de justicia. Por las estructuras arquitectónicas conservadas y las descripciones de la época que han llegado hasta nosotros sabemos que el Mexuar se distribuía en torno a patios situados a distintos niveles y salas que tenían múltiple usos. 


El Mexuar es uno de los lugares más transformados, viendo
cambiada su fisionomía original, por lo que no es sencillo establecer
su aspecto original.

Restos arqueológicos del acceso al primer patio del Palacio del Mexuar
Hipotética reconstrucción de los dos patios que preceden a la
sala del Mexuar, realizado por la Oficina Técnica de la Alhambra
en la década de 1950 (Archivo de la Alhambra)

Los dos primeros patios fueron recuperados arqueológicamente, siendo identificados en su mayor parte por el arranque de los muros. Este espacio se distribuía en tres ámbitos sucesivos: el Mexuar nuevo o segundo Mexuar, el Mexuar privado o inicial y la sala del Trono.

Vista de los restos arqueológicos del Patio de la Mezquita del Mexuar
El primero de los patios se conoce como Patio de la Mezquita (también llamado Madraza de los Principes a partir del siglo XX por su semejanza a la Madraza Yussufiya) y presenta varias salas alargadas abiertas entorno al mismo y que seguramente se utilizaron como oficinas de la administración de la corte nazarí. Probablemente, la sala situada al sur sea la que los textos llaman Qubbat al-'Ard, lugar donde los secretarios despachaban la correspondencia oficial, los recursos judiciales y en la que había un reservado para que el monarca pudiera recibir ocasionalmente al pueblo. Junto a ella, y sobre un pilar para abluciones, sobresale la denominada mezquita vieja o del sultán, un pequeño oratorio de unos nueve metros de lado -que no estaba correctamente orientado a la Meca- con un alminar adjunto, ambos construidos por Ismail I.

Se puede apreciar en el dibujo el sector de la Alhambra donde
se ubican los palacios reales y reconstruye las zonas desaparecidas.
En el ángulo inferior derecho se ve que el acceso se realizaba
a través del Mexuar. A él se accedía desde la plaza pública,
encrucijada de caminos de la Alhambra


A través de una escalera se alcanza al segundo patio, conocido como Patio de Machuca, en cuyo centro se encuentra una alberca con bordes lobulados que los textos musulmanes describen como "zafariche de peregrina forma". Aunque no han llegado a nuestros días, en los lados menores del patio se situaban sendas fuentes circulares además de surtidores en forma de pequeños leones que vertían el agua al interior.

La fuente del Patio de Lindaraja, copia del original,
centraba originalmente el Patio del Mexuar

Visión general del Patio de Machuca rodeado en parte por cipreses

En el costado septentrional del patio, una galería porticada de nueve arcos (donde llegó a haber una caballeriza en el siglo XVI) da paso a una torre mirador de pequeñas dimensiones mandada construir por Yusuf I y que sobresale al exterior de la muralla. De ella decía Ibn al-Jatib "asoma a la ciudad, y quien está en su interior puede ver los puestos de guardia y las fronteras, y oir el ruido del agua que baja por las albercas de la fortaleza y hasta las toses de la gente en sus casa, y otras cosas". Esta torre  era conocida como Torre de la Victoria en época nazarí o Bahw al-Nasr, y más recientemente como Torre de los Puñales por haberse hallado una daga entre sus muros durante una restauración en 1854. Hasta el reinado de Mohammed V estuvo separada por el foso del camino de ronda, que rellenaron los obreros musulmanes para ensanchar el patio e incorporar esta torre-pabellón al nuevo Mexuar. Probablemente en ella fue donde se asesinó a Ismail II el 13 de julio de 1360, quien derrocó a Mohammed V cuando a su vez fue depuesto por su medio hermano Mohammed VI. Al otro lado del patio, frente a la galería porticada, una hilera de cipreses en forma de arcos recrea la desaparecida galería meridional -de la que quedan vestigios en el suelo- que servía de acceso a la llamada Sala del Trono. Aunque las modificaciones cristianas han desfigurado esta zona, podemos imaginar cómo pudo ser en época nazarí gracias a un relato escrito por Ibn al-Jatib, donde nos habla sobre la celebración del Mawlid el 30 de diciembre de 1362.

Fragmento de la llamada "Planta Grande", atribuida a
Pedro Machuca en 1528 y que se conserva en la
Biblioteca del Palacio Real de Madrid
La Sala del Mexuar responde a tres etapas principalmente: la primera correspondiente a la época de Ismail I, constituyendo la estructura central del palacio -aquí escuchaba a sus consejeros y administraba justicia-; la segunda, a la de su nieto Mohammed V, quien adaptó el lugar a su programa palatino tras recuperar el poder el 16 de marzo de 1362; y por último a época cristiana y su transformación en capilla en el siglo XVI.

Patio de acceso a la sala del Mexuar, con la portada adintelada
y el característico alero de madera de amplio vuelo, decorada
con primorosos canecillos tallados, fue probablemente
 traída de otro lugar por su inscripción del arrocabe

En el friso de madera de dicha entrada, bajo el alero, fueron grabados en 1362, con elegante y esbelta grafía nasjí y flanqueado por sendos escudos de la familia real nazarí, un poema de tres versos -atribuidos posiblemente al poeta y visir Ibn Zamrak- que reproducen algunos de los ideales áulicos fundamentales que también se hallan en otros poemas de la Alhambra:
¡Oh sublime podio de la realeza
que tan maravillosa forma posees!

Abierto fuiste a la clara victoria 
y a la buena acción.

Monumento es del imán Mohammed
la sombra de Dios sobre todos cernida

A través de un angosto patio se llega a una delicada portada adintelada que da acceso a esta sala. Aunque ha perdido los alicatados del cuerpo inferior, la puerta conserva el amplio vuelo del alero de madera sobre ménsula apilastradas, tan representativo de la arquitectura hispanomusulmana. Este ámbito se correspondería con el que los textos nazaríes denominan el "Vestíbulo del Alcázar" y obedecería al cierre de su primitiva estructura estucada de época de Mohammed V (parte de cuyos restos pueden verse desde el interior integrados en el muro).

Pintura mural del acceso original al Mexuar. Encajado entre
muros levantados con posterioridad, se encuentra este
revestimiento decorativo en el que destacan tres bandas
epigráficas con fragmentos de textos coránicos (la inferior
Sura 6,59 y la superior Sura 48, 27 del Corán)
Ibn al-Jatib explica que cuando Mohammed V remodela esta zona establece aquí el Salón de Sesiones o Maylis al-qu'ud ubicando en él el "Trono del Gobierno" o Sarir al-Imara en el muro occidental, sobre un estrado de tres escalones de más de una braza de altura. El espacio central de planta cuadrada se delimita por cuatro esbeltas columnas de mármol, cuyos capiteles conservan su antigua decoración policromada. Fue erigido con opulencia arquitectónica dando una estructura similar a la Sala de las Camas del Baño Real. Originalmente estas columnas sostuvieron una "altísima cúpula (...) ceñida por un mar de cristal sin fisuras" como la describe Ibn al-Jatib y que fue desmontada hacia 1540 para colocar un alfarje morisco de disposición radial y añadir una planta superior con habitaciones. Para ello, el muro oeste fue macizado para soportar el peso de la nueva planta añadida y en él se abrieron las grandes ventanas enrejadas que ahora iluminan la sala.

La sala del Mexuar fue también la sala del Trono durante un tiempo.
Su disposición sería similar a la expuesta al dibujo, facilitado por
Manuel García Luque. Posteriormente, en el cuadro que sostienen
las cuatro columnas, el Consejo reunido decidía los asuntos judiciales
de importancia. En la puerta había un azulejo que decía "Entra y pide. No
temas pedir justicia, que hallarla has"
Detalle de las ménsulas que sostenían la primitiva linterna del
Mexuar. Los capiteles fueron restaurados en 1995, restituyéndoles
 la policromía perdida con el paso del tiempo

Este espacio cuadrado se inscribe en otro rectangular con zócalo alicatado en las cuatro paredes, y por encima una banda epigráfica que inicialmente tuvo un poema con letras "recubiertas por panes de oro purísimo (...) entre lapislázuli molido", donde hoy puede leerse "el Reino (...), la Grandeza (...) y la Gloria es de Dios", como elegidas intencionadamente por los moriscos conversos al cristianismo por el parecido a la letanía latina "Christus regnat, Christus vincit, Christus imperat", cuando fue convertida en capilla tras la conquista. Sin embargo, los techos de madera del perímetro conservan sus trazas originales. Sin embargo conocemos el poema original de letras doradas y fondo azul lapislázuli escrito por Ibn al-Jatib y que él mismo transcribe en dos divanes poéticos y que alude al "error" político que supuso el derrocamiento de Mohammed V y su recuperación del poder:

Observa con tus propios ojos la delicia que hay en mí
y admiraté de la forma y adorno que poseo.
Única soy en una época cuya Fe
la unión "cono dos hermanas" no ve.
A la verdadera religión me debo sin que la felicidad
su deuda con la religión en mí de de saldar.
En noble fama y superior celebridad
al Iwan de Cosroes me asemejo, siendo tan diferentes.
Eran templos de fuego que con la luz de Dios
fueron apagados: ¡por Dios, "que distintos son ambos Yazíes"!
¡Cuanta dispersión reunió en mi elegancia
y cuantas parejas de colores la belleza armonizó!
Es como si, de todos los edificios regios,
el ojo yo fuera y su pupila en él mi señor.
Mohammed, el hijo de Abu l-Hayyay, me edificó,
por lo que digno es del más auténtico y verdadero loor.
Es aquel cuya diestra -bendita sea- reúne con constancia
dos contrarios: generosidad y valor.
Es aquel que la autoridad consiguió
luchando con espadas punzantes y de filos cortantes,
y quien el antiguo y abominable error,
que cubría de vergüenza y deshonra a la Fe, enmendó.
Con su victoria, viento de lluvia Dios envió
y al espíritu batiendo alas bajó.
En mí sigan todas la cualidades reunidas
y la victoria y el triunfo sean de mi morada amigas.
Que al más remoto anhelo de mi creador forma dé Dios,
que exento está de modalidad y de espacialidad.
Alzado en 3 dimensiones de la Sala del Mexuar, donde destaca la
cúpula y en el extremo izquierdo un espacio rectangular, un patio
que los nazaríes denominan "saleta del tesoro del perfume" y que
hoy esta integrado y separado por una balaustrada de madera en lo alto.
El muro norte, que en tiempos separaba la sala de un pequeño patio, fue derruido y su decoración en yeso se recolocó en el muro posterior. En su decoración a base de estrellas o "sinos" se alternan de manera simbólica el lema nazarí y el escudo imperial español cristiano. La cúpula original, sobresaliendo por encima de los tejados circundantes, era como una linterna que iluminaría toda la estancia a través de cristales de colores, recordando a la que se conserva en el Mirador de la Lindaraja.

Paño de alicatado de la sala del Muxuar que Ibn al-Jatib describe
como "ondeante mar" en alusión metafórica del dinamismo acuoso,
que también comparten otros azulejos del recinto Alhambreño
Como he mencionado anteriormente, en la celebración del Mawlid o Natividad del Profeta del año 1362, la sala se adornó con hermosos tapices y cortinas, iluminándola con variados candelabros de cristal y velas. La fiesta comenzó con la entrada del monarca Mohammed V (quien había recuperado el trono ese año) y la recepción de los invitados, a lo que siguieron plegarias y homilías religiosas, así como copiosos banquetes y un recital poético a cargo de un experto rapsoda, que entonó casidas en honor al Profeta compuestas por diversos poetas llegados a la corte, así como panegíricos dedicados al rey. Al amanecer, se dio por finalizada la fiesta con una sesión de dikr (invocaciones a Dios con cánticos) a cargo de sufíes y ascetas, que ya Yusuf I solía invitar a la Alhambra. Finalmente, los invitados fueron despedidos, impactados por la religiosidad, pompa, destrezas artísticas, generosidad y dominio exhibidos por la corte nazarí.

En ocasión de la fiesta del Mawlid se fabricó un ingenio
mecánico que a modo de reloj dejaba caer cada hora una
piedrecita en un platillo, donde al sonar se abría una taca
de la que se retiraba un poema del propio Ibn al-Jatib alusivo
a la hora transcurrida y portador de contenido áulicos-piadosos
que acto seguido era declamado por un rapsoda. Con ocasión
de la Exposición Arte y Cultura, El Poder de la Alhambra
se colocó esta reproducción en la Sala del Mexuar.

Contiguo a la sala del Mexuar un pequeño oratorio orientado preceptivamente para la oración ritual, conserva en el muro de cabecera, la qibla, un mihrab de planta poligonal y arco de herradura. Esta fue una de las estancias que más daños sufrió en la explosión que se produjo en 1590 en la casa de un polvorista junto a la iglesia de San Pedro, de tal manera que tuvo que ser reparada en su momento, completándose su restauración en 1917. Todo el flanco norte esta abierto hacia el barrio del Albaicín, con una perspectiva que invita al creyente a la meditación sobre la preocupación por el pueblo que gobernaban y la grandeza de la Creación a través del paisaje y de la naturaleza, refozado por la inscripción del mihrab que solicita "ven a la oración y no seas de los negligentes".

El Islam decreta la obligación de rezar en dirección a la Meca
cinco veces al día; de ahí la presencia habitual de oratorios.
A la izquierda, de perfil, muro de la qibla orientada a la Meca
donde se sitúa el mihrab.  
El pequeño oratorio no sigue la línea de la muralla,
sino que se inclina bruscamente en dirección
SE buscando dicha orientación.
En las restauraciones de la Alhambra promovidas entre 1868 y
1889 se incorporó a la sala del Mexuar este oratorio contiguo,
para lo cual fue necesario rebejar el suelo original, del que quedó
como testigo el poyete corrido bajo las ventanas. En época
nazarí se entraba a él desde la galería de Machuca.
Por una estrecha puerta se accede a un patio, lugar en el que el rey recibía a sus súbditos en audiencia en la segunda mitad del siglo XIV. Por eso la pequeña puerta con arco de herradura permite el paso de una sola persona, facilitando a la guardia el control de los asistentes, que eran conducidos a traves de la inmediata galería porticada al interior de la sala de espera. 

A la izquierda, acceso al oratorio desde la sala del Mexuar y
a la derecha arco que de herradura para llegar al Cuarto Dorado


Ésta sala recibió el nombre de Cuarto Dorado (al ser repintado su artesonado con motivos ornamentales dorados) tras las reformas cristianas que modificaron su fisionomía al clausurarse las ventanas laterales y transformando la ventana central en un mirador con asientos enfrentados y curiosos capiteles, fruto del mestizaje cultural del arte mudéjar. 

La ventana central del Cuarto Dorado se transformó en
época cristiana en un mirador con asientos enfrentados

El pórtico, formado por tres esbeltos arcos, conserva en parte la decoración original en la que destacan los capiteles centrales de tipo almohade tallados en piedra. La planta superior fue adaptada como vivienda durante época cristiana, mientras que la pila central del patio es una réplica de la fuente de la Lindaraja, una de las piezas más bellas de la hidráulica nazarí y que se conserva en el Museo de la Alhambra ya que con las transformaciones cristianas quedó fuera de contexto. Probablemente en una primera etapa nazarí no era un patio cerrado, sino que se abría al aisaje de la ciudad en su cara norte, sobre la muralla; de hecho, bajo el Cuarto Dorado, corre un pasadizo de ronda para la guardia que originalmente debió estar a cielo abierto sobre el adarve o parte alta de la muralla, como sucede en el resto de las murallas de la Alhambra. Sin embargo, el crecimiento de las estructuras palatinas en el siglo XIV hizo de este patio un lugar intermedio entre el ámbito semipúblico del monarca y el privado, cargándolo de una gran simbología. Las paredes laterales del mismo conservan su estado original, con grandes superficies sin decorar, con estuco liso de cal para reflejar la luz y realzar la gran fachada frente al Cuarto Dorado.

Vista del Patio del Mexuar al que se accede desde el Cuarto Dorado


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